Esperando el alba de un nuevo día · edición en italiano
Dos orillas, un río y una mujer que aprendió de niña a contar las salidas de cada habitación.
Narva, la última noche del año. En una orilla del río está Europa; en la otra, a pocos metros de agua, un mundo que la observa. Ania Sokolova creció allí, aprendiendo a contar las salidas de cada habitación incluso antes de sentarse.
Cuando el amor la lleva a Barcelona —un hombre, una ciudad de mar, una vida nueva cosida como un vestido— cree haber dejado el río atrás. Pero ciertas corrientes no sueltan su presa, y el pasado de su padre, hombre invisible de un mundo que no perdona, vuelve a llamar a la puerta justo cuando todo parecía a salvo.
De las fortalezas del Báltico a los tejados de Barcelona, una novela sobre aquello que estamos dispuestos a traicionar para proteger a quienes amamos —y sobre cuánto cuesta, de verdad, esperar el alba de un nuevo día.
Había una manera en que el río cambiaba de color en los últimos minutos del año.
Nací y estudié en Italia; vivo en Barcelona. Y por trabajo me he pasado la vida cruzando fronteras: años en Alemania, aeropuertos, mesas con colegas de todos los países. Las fronteras, para mí, no son una idea. Son mis días. Entenderse nunca es fácil, y es precisamente ahí, en el esfuerzo de comprenderse, donde aprendí cuántas maneras hay de vivir y de ser.
Viajo a menudo, pero hay un río al que vuelvo de vez en cuando: el Narva, en la ciudad de Narva, donde en una orilla está Europa y en la otra Rusia, y dos fortalezas se miran desde hace quinientos años. Lo he visto en invierno volverse plomo y en verano, bajo las noches blancas, con las bandadas cruzándolo rumbo al sur sin que nadie les pida el pasaporte.
«Aspettando l'alba di un giorno nuovo» nació allí, de la convicción de que la frontera es solo un puente que cruzar. Ver con nitidez los rostros de los pescadores de una orilla a otra del río es el testimonio de que hay espacio, aire y agua de sobra para vivir en armonía.